Descripción
La oración en sí misma es etérea, desconcertante, incierta e imposible de explicar acabadamente. Por otro lado, los métodos y estilos de oración son específicos, prácticos, definibles, comprensibles y evidentes.
Pero cuando más oramos, más nos damos cuenta de que la oración es más grande que nosotros, más expansiva y profunda. Cuando menos lo esperamos, nuestra oración nos lleva a una mayor claridad sobre quiénes somos y cómo debemos estar con Dios y el mundo. Estas experiencias nos animan a disminuir nuestra necesidad de control, de saber y tener pruebas. Los momentos inesperados de gracia en la oración restauran nuestra confianza en el proceso y nos ayudan a confiar en nuestra intención de fortalecernos en el amor. Estos pequeños vistazos nos alientan a entregarnos a lo que creemos que es más valioso. Dejamos el producto final de la oración en manos de Aquel que conoce los anhelos de nuestro corazón.